Viernes + 00:22h + cigarro + Ipod + Ventana.
Salta en el Ipod una canción de Phill Collins, Do you remember.
Súbitamente… ZASSS La mayor sensación de soledad a la que me enfrentado.
Me viene a la cabeza el recuerdo de un día, 18 añitos recién cumplidos, en Lleida y haciendo el servicio militar.
11:30 de la mañana, una buena hora en un cuartel militar. Esto es como decir “inteligencia militar”, queda bien, pero es una incongruencia.
Soy excesivamente generoso al decir “buena hora” pero al menos ya has pasado el trance de levantarte en medio de un cruce de piernas, brazos, caras que te recuerdan que, si tu llevas la misma impresión reflejada, mas valdría que te quedaras en la cama.
Aun quedan un par de horas para pasar la gran prueba de fuego, ingerir una desafortunada combinación de alimentos que seguro habían conocido mejores días y habían tenido la mala suerte de acabar en un mal lugar y en peores manos.
Al estar en ese especie de limbo horario, estas tranquilo, y hasta te planteas si cualquier día serás capaz de volver a ser optimista.
Punto anímico álgido y de repente suena la canción, canción que te recuerda a tu novia, tus amigos, tu libertad perdida.
Te sientes empequeñecer a toda velocidad, ves los muros cada vez mas altos y hasta las motas de polvo del ambiente te parecen un alud de rocas.
No he tenido sensación de soledad mas grande en toda mi vida que escuchar esta canción, llena de buenos recuerdos, en un lugar que estas a la fuerza, extraño y apartado de tus seres queridos.
Esta sensación quedó ligeramente atenuada, ya que pensé que debido a mi juventud había alguna cosa que se me escapaba, que no debía tener un visión en perspectiva de mis obligaciones como ciudadano, que quizá debía aportar mi granito de arena a alguna necesidad social.
Unicamente intentaba justificar aquel monumental cumulo de despropósitos que estaba viviendo y motivo por el cual me habían quitado mi libertad y me habían militarizado.
Ahora que he llegado a la cuarentena lo se. Al loroooo!!!, que no nos engañen!!! eh, eh
Fue un enorme putadon.
Después de madurar como persona y leer mucho la similitud mas grande que he encontrado es con una de esas tribus con ritos ancestrales.
- Un chico joven no hace ni un gesto, no dice una palabra, ni siquiera el chasquido de una brizna de paja bajo su pie y de repente toda la tribu se le queda mirando con gesto serio pero solemne, eso si, que no falte la parte solemne que es la mas absurda…
Vamos traducido del tribuno a nuestra lengua, el joven la acaba de cagar a lo campeón.
Lo coge toda la tribu, se lo llevan a la quinta leche, lo sube a la montaña mas alta, le quitan la ropa en medio de la nieve, le dan una puta lanza y le dicen “otra vez en plan solemne” hasta la semana que viene. Cuando volvamos habrá muerto el joven y habrá nacido un hombre (si sobrevive, claro).
- Otro chico esta absorto en sus pensamientos, lee, solo escucha el sonido de los pájaros y de repente el cartero se lo queda mirando fijamente con gesto serio pero sol……
Vamos traducido del lenguaje normal al castrense: el chico la acaba de cagar a lo campeón.
Lo coge el ejercito, se lo llevan a la quinta leche, lo sube al cuartel mas alto, le cambian los tejanos por un uniforme, le dan un puta fusil y le dicen “otra vez en plan solemne” hasta el año que viene. Vamos a hacer de ti un hombre (si sobrevive, claro).
¿Hay muchas similitudes, no? ¿Sabría un militar como “atacar” este texto? que fue primero ¿el huevo, o los tornillos de titanio para cirugía?
Pues estas dos historia solo están separadas por unos pocos años: 40.000 en Europa, 150.000 en Africa, 100.000 en Asia y 15.000 en America.
Somos tan tontos que nos ponemos solemnes y decimos que para hacerte un hombre te deben hacer perder un año de tu vida, hacerte envejecer a la velocidad de la luz y pasarlas canutas.
A los cuarenta años, cuando te empiezas a dar cuenta de que esto va muy rápido, que como pierdas el tiempo la vida te va a saber igual que un bombón, exquisito pero efímero. Hasta este recuerdo de mala experiencia y soledad tiene el poder de evocar el sabor de ese bombón que no tendremos ocasión de volver a saborear: la juventud.
Vaya, parece que ha nacido una sensación que es capaz de competir con la de la canción.












